81 Epitafio
Quiero que cuando yo muera no lo sepa nadie.
Ningún aviso ni aquí ni allá.
No quiero que mis enemigos sepan que he muerto.
Quiero que piensen que aun estoy vivo y que mueran, hasta el último de ellos, aterrados
creyendo escuchar el arrastrarse de mis pies que me llevan hasta su cadáver para
débilmente patearlo y escupirlo, y el sonido del esmeril con el que borraré su epitafio.
Quiero que las que me amaron, las que no me perdonan, crean que aun estoy vivo y me
deseen mil años mas de sufrimiento y una interminable agonía bajo los buitres que se
comen mis intestinos y piensen que no estaban equivocadas cuando vean cómo los
pájaros carroñeros mueren a mi alrededor envenenados por mi falta de sentimientos.
Quiero, en fin, que aquéllos a los que no debo nada ni nada me deben, no tengan que
preguntarse quién era este animal, dónde estaba, qué hizo, por qué no dejó huella y se
pregunten qué será ese hedor, ese inmundo olor que impregna la ciudad como cuando
murió el santísimo stárets Zósima.